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 Editor de contenido

Los cinco analistas de riesgo de la Unidad Nacional de Protección -UNP- arriban al aeropuerto internacional El Dorado, en la capital colombiana, acompañados de gran expectativa por la misión a cumplir y el frío bogotano que, a esa hora de la madrugada, cala los huesos. Les espera un vuelo corto, comparado con el recorrido terrestre que deben hacer luego de aterrizar en su sitio de destino.


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​Desde la mirada propia del visitante, la selva que rodea a las comunidades indígenas del norte del Chocó, es solo eso, una interminable sucesión de laderas de clima fresco, cubiertas por una tupida vegetación que se mezcla con las nubes bajas. Pero para los grupos étnicos residentes en el área es un mundo sagrado donde habitan los espíritus buenos y malos, conectado con el cosmos, por un lado, y, por el otro, con el alma de cada cual. Dos planos sobrenaturales con los que únicamente se puede interactuar a través de los sacerdotes o jaibanás y sus cantos misteriosos. ​. 


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Para Aída Avella, la presidenta de la Unión Patriótica, el primer encuentro con los funcionarios y contratistas de la Unidad Nacional de Protección -programado para contarles las razones y objetivos de su actividad política- fue más cálido de lo que ella misma esperaba. Sintió confianza. Así que no se ahorró fechas ni situaciones al narrar con desparpajo, en una perfecta secuencia cronológica, cómo nació su organización, la forma en que esta entró a la vida política del país, y la seguidilla de crímenes contra sus líderes que la llevó al borde del exterminio. 


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El caso de una pareja de hombres homosexuales denunciada por la comunidad ante la Policía por haberse tomado de la mano en el espacio público o la expulsión de una mujer transexual que descansaba en un parque al ser calificada por las autoridades locales como un hombre disfrazado y, por lo tanto, un mal ejemplo para la ciudadanía, son apenas algunas de las múltiples discriminaciones que a diario enfrentan los integrantes de la comunidad LGBTI en el país. A pesar de haber logrado beneficios históricos como el aval de la Corte Constitucional a la unión entre parejas del mismo sexo bajo la denominación de matrimonio, le reclaman al Estado el goce pacífico de sus derechos.  


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PROTECCIÓN CON ENFOQUE DIFERENCIAL EN LAS PAVAS, SUR DE BOLÍVAR​​​​​​​​​​​​​​​​

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Las medidas de protección con enfoque diferencial autorizadas por la UNP para las 123 familias que integran de la Asociación de Cacaoteros de Buenos Aires, ASOCAB, residentes en la hacienda Las Pavas, en el municipio de El Peñón, sur de Bolívar, tienen un componente muy particular: diez mulas, cinco machos y cinco hembras. El uso de estos recios animales les permitirá a los campesinos su desplazamiento por las 3 mil hectáreas de extensa sabana donde disputan su titularidad con los representantes de la empresa palmicultora Aportes San Isidro, en desarrollo de un dilatado caso que avanza bajo la mirada de la justicia colombiana y de la comunidad internacional.  


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Todos los días, desde las cinco de la mañana, el irresistible olor del pan caliente comienza a recorrer las calles de un pequeño barrio de Neiva donde queda la Asociación Gastronómica de Víctimas del Desplazamiento, P´Degustar, en cuya sede más de cincuenta mujeres dedicadas a rehacer sus vidas madrugan a preparar distintos productos de panadería y repostería, los cuales comercializan para fortalecer los proyectos personales que les habían arrebatado los violentos. 


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​UNP EN EVALUACIÓN DE RIESGO COLECTIVO EN EL PACÍFICO​​​​​​​​

Los “arrullos” de los negros, cantos improvisados que derrochan alegría y creatividad, marcados por el sonido grave de la tambora y los “llamadores” -pequeños instrumentos autóctonos de percusión- sellaron el final del Taller de Evaluación del Riesgo Colectivo realizado en Tumaco durante dos días entre veinticuatro representantes de un Consejo Comunitario asentado en la zona centro de la subregión Pacífica de Nariño, y varios asesores de la Unidad Nacional de Protección. 


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EN TUMACO, ZONA DE ALTO RIESGO, UNP PROTEGE A LOS LÍDERES SOCIAL

Algunos líderes de las negritudes del litoral pacífico nariñense que hace años huyeron de la región, expulsados por la violencia, hoy han vuelto y a diario recorren por tierra y mar los abigarrados caseríos de madera donde la comunidad los identifica como guías en el propósito de fortalecer los procesos locales de restitución de tierras, principalmente. Son hombres y mujeres que se negaron a dejar que los violentos utilizaran el miedo para frenar el desarrollo, y desde Tumaco viajan hasta siete horas por trayecto para cumplir su labor social. ​​​​​​ ​


Ultima Actualización: 5 de Septiembre de 2016​
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