Somos UNP

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Ese día empezó un poco más temprano que todos, a pesar de que las jornadas del director de la Unidad Nacional de Protección, Diego Fernando Mora y su equipo de trabajo, generalmente empiezan en la madrugada. Aún en la oscuridad de la noche, llegaron a los hangares antinarcóticos de la policía, en la fría Bogotá. Minutos antes de las seis, despegó el vuelo que los llevaría a Quibdó, a donde llegaron en el tiempo de vuelo estimado, no sin antes soportar una que otra turbulencia en el camino. La capital chocoana los recibió con un día bastante nublado, lo que no impidió un

Desde la mirada propia del visitante, la selva que rodea a las comunidades indígenas del norte del Chocó, es solo eso, una interminable sucesión de laderas de clima fresco, cubiertas por una tupida vegetación que se mezcla con las nubes bajas. Pero para los grupos étnicos residentes en el área es un mundo sagrado donde habitan los espíritus buenos y malos, conectado con el cosmos, por un lado, y, por el otro, con el alma de cada cual. Dos planos sobrenaturales con los que únicamente se puede interactuar a través de los sacerdotes o jaibanás y sus cantos misteriosos. ​. Los centenares de indígenas

Los cinco analistas de riesgo de la Unidad Nacional de Protección -UNP- arriban al aeropuerto internacional El Dorado, en la capital colombiana, acompañados de gran expectativa por la misión a cumplir y el frío bogotano que, a esa hora de la madrugada, cala los huesos. Les espera un vuelo corto, comparado con el recorrido terrestre que deben hacer luego de aterrizar en su sitio de destino. Son jóvenes profesionales colombianos que deben recorrer grandes distancias, muchas de ellas a pie por escarpadas trochas, a lomo de mula o en lanchas que se pierden en profundidades selváticas. Lo hacen con la certeza de que aportan

Todos los días, desde las cinco de la mañana, el irresistible olor del pan caliente comienza a recorrer las calles de un pequeño barrio de Neiva donde queda la Asociación Gastronómica de Víctimas del Desplazamiento, P´Degustar, en cuya sede más de cincuenta mujeres dedicadas a rehacer sus vidas madrugan a preparar distintos productos de panadería y repostería, los cuales comercializan para fortalecer los proyectos personales que les habían arrebatado los violentos. Al frente del laborioso equipo está María Ruth Bonilla Gaitán, quien desde hace más de cinco años asumió el liderazgo de est​as mujeres afectadas por el hecho victimizante de violencia y abuso sexual

Para Aída Avella, la presidenta de la Unión Patriótica, el primer encuentro con los funcionarios y contratistas de la Unidad Nacional de Protección -programado para contarles las razones y objetivos de su actividad política- fue más cálido de lo que ella misma esperaba. Sintió confianza. Así que no se ahorró fechas ni situaciones al narrar con desparpajo, en una perfecta secuencia cronológica, cómo nació su organización, la forma en que esta entró a la vida política del país, y la seguidilla de crímenes contra sus líderes que la llevó al borde del exterminio. En su exposición fue secundada por Jahel Quiroga, la directora ejecutiva

Las medidas de protección con enfoque diferencial autorizadas por la UNP para las 123 familias que integran de la Asociación de Cacaoteros de Buenos Aires, ASOCAB, residentes en la hacienda Las Pavas, en el municipio de El Peñón, sur de Bolívar, tienen un componente muy particular: diez mulas, cinco machos y cinco hembras. El uso de estos recios animales les permitirá a los campesinos su desplazamiento por las 3 mil hectáreas de extensa sabana donde disputan su titularidad con los repre​sentantes de la empresa palmicultora Aportes San Isidro, en desarrollo de un dilatado caso que avanza bajo la mirada de la justicia colombiana

Los “arrullos” de los negros, cantos improvisados que derrochan alegría y creatividad, marcados por el sonido grave de la tambora y los “llamadores” -pequeños instrumentos autóctonos de percusión- sellaron el final del Taller de Evaluación del Riesgo Colectivo realizado en Tumaco durante dos días entre veinticuatro representantes de un Consejo Comunitario asentado en la zona centro de la subregión Pacífica de Nariño, y varios asesores de la Unidad Nacional de Protección. ​Los líderes, en su mayoría afrodescendientes, viajaron más de seis horas por carreteras en mal estado para encontrarse con unos funcionarios ávidos de información sobre la situación de seguridad de una región en

Algunos líderes de las negritudes del litoral pacífico nariñense que hace años huyeron de la región, expulsados por la violencia, hoy han vuelto y a diario recorren por tierra y mar los abigarrados caseríos de madera donde la comunidad los identifica como guías en el propósito de fortalecer los procesos locales de restitución de tierras, principalmente. Son hombres y mujeres que se negaron a dejar que los violentos utilizaran el miedo para frenar el desarrollo, y desde Tumaco viajan hasta siete horas por trayecto para cumplir su labor social. Uno de ellos, un curtido vocero de los lugareños que se refugió en el interior

El caso de una pareja de hombres homosexuales denunciada por la comunidad ante la Policía por haberse tomado de la mano en el espacio público o la expulsión de una mujer transexual que descansaba en un parque al ser calificada por las autoridades locales como un hombre disfrazado y, por lo tanto, un mal ejemplo para la ciudadanía, son apenas algunas de las múltiples discriminaciones que a diario enfrentan los integrantes de la comunidad LGBTI en el país. A pesar de haber logrado beneficios históricos como el aval de la Corte Constitucional a la unión entre parejas del mismo sexo bajo la denominación

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