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Protegiendo los indígenas en la Amazonía Colombiana

Una Comisión de la Unidad Nacional de Protección (UNP) convivió con las comunidades en la región de la Amazonía, conoció elementos culturales y estableció medidas para salvaguardar los derechos a la vida, la integridad y la seguridad personal de estos grupos étnicos.

Y el tiempo se detuvo… Por momentos, durante las madrugadas de esos días, las primeras historias de los exploradores europeos del territorio, francisco de Orellana, quien le da el nombre a la selva y los traficantes de esclavos portugueses del siglo XVIII que asolaron la selva amazónica renacieron a través de las neblinas que los ríos de este paraíso natural regalan diariamente en las primeras horas de sus madrugadas cálidas y húmedas.​

La sorpresa fue grande para la comisión de la Unidad Nacional de Protección (UNP) cuando fue informada que en virtud de la expedición de una Medida Cautelar haría presencia en lo profundo de la Selva Amazónica en Colombia.

Durante los primeros momentos de la madrugada, al sentir como el calor húmedo invade el aire mientras el sol empieza a consentir los tejados, los ojos se pierden en los confines oscuros de los tejados pajizos y de madera de las malocas en que viven estos indígenas, que habitan las selvas del sur del continente americano desde los orígenes de los tiempos. Luego del ensordecedor silencio de la noche, los insectos y aves se reúnen en un coro matutino para saludar a quienes han llegado, allende las nubes, para proteger un pedacito de paraíso bautizado como maravilloso hábitat que acoge especies de fauna y flora como ningún otro ecosistema y se nutre de las múltiples orillas del más caudaloso, ancho y profundo río del mundo, el Amazonas.

La voz de la naturaleza clamaba la necesidad de proteger a las comunidades que habitan la región. En el departamento del Amazonas se encuentran indígenas pertenecientes a los pueblos Ticuna, Huitoto, Cocama; Kamejeya, Jurumi, Jeruriwa, Imike, Piyoti (denominados como Yukuna); Ide masâ, Jeañârâ, Majiña (conocidos como Macuna), Bora; Yui weje maja o Jobokarâ (llamados genéricamente Tanimuka), Miraña, Inga, Yagua, Upichia (Matapi), Muiname, Andoque, Wejeñeme majâ (Letuama), Ocaina, Carijona; Yujup (Makú), Nonuya, Siona, Tucano, Tariano, Cabiyary (Kawiyari), Barasano, Cubeo, Yaurâ (Yauna), Yuri (Carabayo) y Yanacona. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), el censo del 2005 señala que conforman un poco más del 40 por ciento de la población departamental.

Los dos analistas de riesgo colectivo, la sicóloga y una asesora de la Dirección para Restitución de Tierras de la UNP llegaron por fin a este importante pulmón del mundo ubicado en Suramérica. Su aventura empezó luego de ser informados del viaje que debían hacer, en aquel distante lugar lleno de encanto, buenas energías, relatos, belleza, paz, en una región que se enriquece de la diversidad cultural de los pueblos indígenas.

El acercamiento a la Amazonía Colombiana, significó la apertura a la comprensión de una multiplicidad de sabidurías. En el ejercicio de construcción metodológica, apoyaron la Opiac – Organización Indígena de los Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana, la Agencia de Naciones Unidas ONU DDHH y una organización no gubernamental (ONG) fundada en 1990 llamada GAIA​ que significa tierra, su misión es construir soluciones con los indígenas para fortalecer el ejercicio de sus derechos, su gobierno, la administración de su territorio, las tradiciones y culturas de las diferentes etnias y la protección de los ecosistemas en las selvas del noroeste amazónico.

Al llegar allí, a esta tierra de magia se comenzó a develar la inescrutable selva del Amazonas. Así, durante ocho días, un grupo de funcionarios, de entidades como la UNP, el ministerio del Interior, la Agencia Nacional de Tierras (ANT), el ministerio del Medio Ambiente, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nación (PGN), la ONG Gaia y un delegado de la Opiac, compartió con delegados de las diferentes asociaciones que hacen presencia en el territorio.

Fueron ocho días que empezaban con un desayuno típico de la región amazónica. Los comisionados comieron boruga, una especie de roedor cuya carne es muy apreciada en la zona; danta y una multiplicidad de peces obsequio de los ríos que atraviesan la región. Los indígenas prefieren aquellos que tienen escamas pues dicen que estas los hacen menos susceptibles a la contaminación que la minería ilegal llevó hasta este retirado y desconocido paraíso, lo acompañan con la yuca brava . Para refrescarse, jugos de copoazú son la delicia en este húmedo y cálido paisaje donde los árboles les robaron los mil tonos de verde a las esmeraldas nacionales.

Mientras se entretejían las historias y cosmogonías de muchos saberes, la delegación de la UNP ejecutó el taller de evaluación de riesgo colectivo en esta región, las demás entidades realizaron un trabajo específico de acuerdo con sus competencias y a lo que se les ordenaba desde la Medida Cautelar.

Aunado a esto, todo iba según lo presupuestado, hasta cuando los indígenas plantearon algo muy propio de ellos, la noción de macroterritorio. Este concepto trasciende la idea sectorizada de la intervención social incluyendo el ámbito de la protección, se desdibujan las fronteras del territorio propias de la visión occidental y se evidencia un entramado de relaciones que atraviesan los sitios sagrados, las rutas de pensamiento y los mecanismos propios de autoprotección y protección comunitaria que se incrustan en los distintos saberes culturales.

En la cosmogonía de los Yukuna, el territorio siempre es visto como un todo interdependiente y no puede circunscribirse al ámbito local. Frente a esto, los comisionados aprovecharon la idea y de común acuerdo con sus anfitriones vincularon a las autoridades tradicionales para identificar temáticas de trabajo. Los tradicionales plasmaron en mapas todo lo concerniente al macroterritorio, los indígenas más jóvenes se enfocaron en trabajar las amenazas, riesgos y vulnerabilidades de acuerdo a cada una de las Asociaciones de Autoridades Indígenas tradicionales, las mujeres expresaron cuál era su labor cultural y la importancia del cuidado de la chagra o su sistema de producción indígena. Así, las labores fueron fluyendo al mismo ritmo que las aguas de los ríos amazónicos que siempre han acompañado a estas personas y en este devenir el segundo día del taller trajo consigo un espacio autónomo del cual se desprendieron las medidas de protección para contrarrestar los factores de riesgo y las amenazas, en este sentido las primeras decisiones empezaron a brotar.

Al cierre de estas jornadas, resonaron cánticos, bailes infantiles y una danza masculina, así como una coral de mujeres fueron el homenaje especial para los visitantes y en donde se recordó la necesidad de una intervención clara y oportuna por parte del Estado.

Ahora, deben presentarse los resultados de esta construcción colectiva de medidas de protección ante el Cerrem. Ese día, el concepto de macroterritorio primará como aquel que garantizará una protección articulada e idónea por parte de las entidades del Estado, aunando concurrencia, complementariedad y subsidiariedad.​​

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