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UNP en evaluación de riesgo colectivo en el Pacífico

UNP en evaluación de riesgo colectivo en el Pacífico

Los “arrullos” de los negros, cantos improvisados que derrochan alegría y creatividad, marcados por el sonido grave de la tambora y los “llamadores” -pequeños instrumentos autóctonos de percusión- sellaron el final del Taller de Evaluación del Riesgo Colectivo realizado en Tumaco durante dos días entre veinticuatro representantes de un Consejo Comunitario asentado en la zona centro de la subregión Pacífica de Nariño, y varios asesores de la Unidad Nacional de Protección.

​Los líderes, en su mayoría afrodescendientes, viajaron más de seis horas por carreteras en mal estado para encontrarse con unos funcionarios ávidos de información sobre la situación de seguridad de una región en la que deberán indagar acerca de dicho tema en la mayoría de Consejos Comunitarios.

​​En los dos días de trabajo los representantes del Consejo Comunitario de su región participaron en una serie de actividades de grupo para rememorar los hechos de violencia que han afectado a ese sector del país, pero a la vez observar con optimismo el camino a seguir. Así lo lograron a través de dibujos que formaban parte de la metodología de análisis concertada con la Oficina de las Naciones Unidas para los Refugiados, ACNUR, y que, tras permitirles “romper el hielo”, dejaron salir sus recuerdos y experiencias para nutrir el análisis que se proponen los técnicos de la UNP en torno a su situación, con el apoyo de la Defensoría del Pueblo.

​​En el segundo piso de la Casa de la Memoria del Pacífico Colombiano, los convocados transformaron su prevención inicial en una suerte de trabajo en equipo que los llevó a expresar reiteradamente a través de las manualidades que eran parte del Taller, cómo se sienten en su calidad de habitantes de la región, qué tipo de relaciones interpersonales construyen, cómo es su espiritualidad y qué esperan del proceso de evaluación del riesgo colectivo en el que participan.

La sede de la reunión fue un edificio blanco de dos pisos erigido en honor a la religiosa Yolanda Cerón, asesinada en septiembre de 2001 cuando lideraba procesos comunitarios relacionados con la restitución de tierras, desde la pastoral social de la Diócesis de Tumaco, que hoy precisamente lidera este proyecto de memoria histórica. En el primer piso más de cuatrocientas fotografías recuerdan a las personas asesinadas en los últimos años a manos de los diferentes actores armados; es una mezcla de museo y santuario para reconstruir la vida desde los testimonios que exaltan la dignidad de las víctimas.

​​Fue una jornada larga pero enriquecedora para las partes, porque los participantes fortalecieron su sentido de comunidad y empezaron a encontrar en los analistas de la Unidad Nacional de Protección a unos técnicos interesados en descifrar su realidad desde las amenazas, riesgos y situaciones de vulnerabilidad en materia de seguridad, para generar posteriormente respuestas desde el plano interinstitucional. “Quitarle la vida a un ser humano es como quitarle el alma a todo el pueblo colombiano” reza la frase escrita en la pared más larga del recinto de trabajo, que parece resumir la razón por la cual se desarrolla el ejercicio: la protección de la vida.

​Para los convocados la experiencia fue un primer gran paso dentro de la llamada Ruta de Protección Colectiva que los llevará a obtener atención interinstitucional coordinada a sus necesidades de protección a la vida, la libertad, la seguridad y la integridad, mientras que para los asesores de la Unidad Nacional de Protección se constituyó en un gran avance en el aprendizaje institucional sobre la forma en que se debe abordar la obtención de la información de contexto, su ordenamiento e interpretación.

Tras ello, diseñarán una Hoja de Ruta para generar respuestas a las necesidades identificadas. La labor desarrollada dejó satisfechas a ambas partes, como lo subrayan las décimas o versos autóctonos con los que la comunidad cerró esta fase y que, entre la cadencia de la percusión y los aplausos rítmicos, hablan de sus vivencias cotidianas, sus sueños, sus realidades y el orgullo de su cultura. “Para todos los presentes, gracias a Dios por tenerlos analizando el camino que conduce a protegernos” corearon alegres los participantes antes de los abrazos de despedida.​​​

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